Velas hechas en casa,
con calma
Irevela nació en la cocina de una pareja, entre cazos de cera y libretas llenas de fórmulas. Queríamos una vela que oliera a casa de verdad —no a perfume de tienda— y que ardiera limpia hasta el final. Empezamos regalándolas; hoy las vertemos en pequeñas hornadas para quien quiera llevarse ese mismo aroma a su salón. Seguimos haciéndolo todo a mano, porque es la única forma que conocemos de hacerlo con cariño.
Cómo nace cada vela
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Base de cemento blanco
Vertemos cemento blanco en moldes a mano y lo dejamos fraguar despacio, hasta que cada base toma cuerpo firme y un blanco mate.
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Lijado y barnizado
Lijamos el cemento grano a grano para suavizar el tacto y lo sellamos con un barniz natural que protege la base y realza su color.
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Formular el aroma
Buscamos el aroma despacio, mezclando aceites esenciales naturales hasta dar con el recuerdo exacto. Cada fórmula reposa antes de aprobarse.
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Verter la cera
Fundimos la cera a baja temperatura y la vertemos a mano, una a una, centrando la mecha de algodón sobre la base ya curada.
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Curar
Dejamos curar la vela varios días para que la fragancia se asiente y encienda limpia, sin humo ni prisa.
“Hecho con cariño”
El lema que firma cada hornada
